Presidente Obama – ¿Más Jimmy Carter que JFK?

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Por Julian Knight, Michael Pattison

Todo empezó tan bien. Esperanza’,’Cambio’ y’Sí podemos’ se convirtieron en los lemas del primer presidente negro de Estados Unidos, Barack Obama. Un momento clave de su campaña electoral fue el discurso pronunciado en un mitin masivo de más de 100.000 personas en Berlín, de todos los lugares. Aquí estaba un presidente que, al parecer, estaba en contacto con la gente común y restauraría la posición de Estados Unidos no sólo como la nación más poderosa de la tierra, sino como la más ampliamente respetada. Un JF Kennedy moderno según la publicidad.

Pero eso fue entonces y esto es ahora. A medida que el presidente Obama se acerca al final de su segundo mandato, hay muchos que cuestionan su legado en términos de proyectos de ley aprobados, prosperidad económica y política exterior. Una dolorosa y prolongada batalla para introducir nuevas disposiciones básicas de atención de la salud para los más pobres de Estados Unidos -apodada Obamacare por los medios de comunicación- tuvo éxito en última instancia, pero resultó ser muy controvertida. La economía estadounidense, junto con el resto del mundo, ha tardado en recuperarse de la crisis financiera mundial de 2008 y, como resultado, China se ha puesto al día rápidamente en la carrera económica. Pero es en el área de la política exterior -tan importante para definir el legado de un presidente norteamericano- donde están los mayores interrogantes.

Bajo la supervisión del presidente Obama, Rusia ha anexionado Crimea y se ha comportado de forma agresiva con sus vecinos, Oriente Medio ha vuelto a estar sumido en la confusión, ha surgido un peligroso”estado” terrorista que abarca gran parte de Irak y Siria, y el régimen norcoreano, ultra secreto y represivo, ha conseguido convertirse en una potencia nuclear, todo ello desafiando a los Estados Unidos. De hecho, muchos comentaristas han criticado al presidente Obama por ser demasiado pasivo en su política exterior, permitiendo que los opositores internacionales ganen terreno y amenacen los intereses clave de Occidente.

Mientras que el predecesor del presidente Obama, el presidente George W. Bush, era visto por muchos como demasiado entusiasta y hacía que Estados Unidos se involucrara en conflictos internacionales innecesarios (sobre todo la invasión de Irak en 2003), a Obama se le considera un presidente demasiado tímido. Tal es la timidez percibida por el presidente Obama que en lugar de ser comparado con el gran presidente norteamericano JF Kennedy -quien miró con éxito a los rusos cuando querían poner misiles nucleares en Cuba- se le ve cada vez más como más parecido al presidente democrático Jimmy Carter (1976-1980), quien también presidió una economía interna lenta y sufrió la humillación internacional de la crisis de los rehenes iraníes, cuando el entonces recién formado gobierno revolucionario islámico mantuvo retenidos a funcionarios estadounidenses durante meses en Teherán.